Infantil

Microrrelatos ganadores.

1º premio: El regreso
No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo. Es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café. Anda despistada, chocando con las sillas, derramando el contenido de los vasos sobre los clientes, sin importarle que se enfaden y la insulten.
Pero hoy no le afectan las injurias. Es toda una mezcla de euforia y nervios; una bomba explosiva. Está que no cabe en sí de gozo y júbilo.
La culpa de esta inquietud la tiene una llamada, tan ansiada como temida. Era temprano cuando le anunciaron el regreso de su hijo. La alegría inicial dio paso a una amargura contenida. Después la incertidumbre se apoderó de su corazón.
Doña Rosa tiene motivos para temer que Augusto vuelva. Se pregunta si habrá merecido la pena esta larga espera, las noches de insomnio y tantas lágrimas derramadas. Quien podría asegurarle que su hijo no la iba a decepcionar.
Doña Rosa suspira y pasa el paño por el mostrador, rememorando aquel hijo que abandonó su casa con ganas de triunfar. Aquel chiquillo optimista con planes de futuro.
–Seré arquitecto o ingeniero –prometió mientras se despedía.
Al principio escribía contando su vida. Pero las cartas cesaron y el silencio y la incertidumbre se apoderaron del corazón de la madre. Ella indagó, quiso saber acerca del paradero de su hijo y llamó a muchas puertas.
Así se enteró de sus fracasos, sus noches de juerga, sus deudas y que había sido encarcelado por robar.
Arturo está a punto de entrar por la puerta, ha cumplido su condena. Mientras ella se pregunta si conseguirá reconocer en esa persona al hijo que se fue.

Christian Espadas Ruiz

2º premio: Felicidad envasada
No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café aburrida y enfadada, como toda la ciudad.
Una niña y su panda de amigos y amigas no sabían qué hacer, pues cada vez la gente discutía más. Cansados de tanta discusión, hicieron una pócima de un color azul celeste; Claudia, que así se llamaba la niña, se la dio a un señor y al instante estaba ayudando a cruzar la calle a una anciana. Hicieron lo mismo con toda la ciudad y así, ésta, ya no volvió a ser un temor para pueblos y localidades cercanas.

Adriana Torija Palacios

3º premio: La importante eres tú
No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café Gavilán, esperando a Don Pablo. Ambos están preocupados por su hija, Carla, que este trimestre no ha sacado más que suspensos. Lo único que hace es preocuparse por la ropa. Y es que antes Carla no era así, se centraba en sus estudios. Ahora está entrando en la adolescencia… aunque ese no es motivo. Doña Rosa le dice a su marido: -Hoy Carla me ha respondido de una forma que me ha dejado sin palabras. Le pregunté por qué no se centraba en los estudios, y me responde: “Mamá, si no vistes bien en el instituto no eres nadie. Hay que estar a la moda, lo demás no importa.” Por eso te he llamado. Me parece que Carla no sabe a lo que se va al instituto. Voy a hablar con ella.- Y eso hizo. Carla se queda pensando, y sin poder evitarlo unas lágrimas le resbalan por las mejillas: -Al principio yo me centraba, pero algunas niñas me tenían apartada. Ellas hablaban de ropa, y no se preocupaban por los estudios… por eso las empecé a imitar- Doña Rosa le dijo: -Hija, no te preocupes por lo que digan los demás. Cuando tú hayas estudiado una carrera ellas no tendrán futuro, si el aprendizaje no les importa. Y encontrarás a tus verdaderas amigas. Confía en mí.- Carla le hizo caso. Y a partir de ese momento, las cosas le empezaron a ir bien. Yo soy Carla. Ahora tengo un gran futuro y sé que nunca debemos perder la perspectiva.

Estela Santiago Ferreiro

Microrrelatos participantes

La gatita Cristina

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café y una vez encontró una gatita que estaba sola por una calle y una chica estaba comprando y se llevó al gatita a casa y le dijo quieres venir conmigo a casa y el gatita dijo sí y luego durmieron y comieron felices. Que todos los niños sean felices en navidad y les traigan muchos regalos los reyes.

Olvido Muñoz Barrero (4 años). 31/12/2011 8:48:00

***

Doña Rosa y los Reyes Magos

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café y tiraba las sillas con su culo gordo. Los señores que estaban tomando un café protestaban y le decían: doña Rosa deja de mover tu culo y siéntate en una silla y no estés todo el rato caminando por ahí y molestándonos. Siéntate y tómate un café con nosotros o si quieres quédate ahí sin tomar nada y cuéntanos porqué nos querías tirar las sillas. Entonces doña Rosa se sentó y les contó lo que había ocurrido, que estaba muy nerviosa porque dentro de 6 días llegaban los Reyes y decía: ¡qué nervios tengo! Y todos entendieron a doña Rosa porque todos estaban nerviosos porque los Reyes estaban muy cerca.
Y pispas. Este cuento se ha acabado.

Pelayo Menéndez Gómez (6 años). 30/12/2011 21:31:00

***

Una más

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café, con el rostro cansado de la atareada rutina de todos los días. Rozando con su ancha figura todo el mobiliario, se dirige con paso torpe y acelerado hacia la trastienda. Moncho está charlando con un asiduo cliente en la barra mientras seca unas copas y mueve un palillo de un lado para otro en la boca. María, con el desparpajo de un pajarillo que le permite su delgado y ágil cuerpo, prepara los cafés que van a ser servidos por Tino, se podría decir que él es el camarero, pero aquí nadie desempeña una tarea concreta. Con mis ojos de niña pequeña, yo contemplaba aquel panorama esperando a que cuando fuera mayor no ocupara un lugar dentro del negocio como toda mi familia, pues soñaba con un futuro más prometedor. Pasaron los años y, a partir de los dieciséis, comencé a ayudar más en serio en el café. Y, aquí estoy, trabajando en un oficio que me gusta y que me permite relacionarme con todo el pueblo. Ahora yo completo el cuadro anterior: Sofía, con una amplia sonrisa que comparte con los clientes, les sirve lo pedido invitándolos a comentar algo con ella.

Nara María Mahou Boullosa (12 años). 30/12/2011 15:26:05

La importante eres tú

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café Gavilán, esperando a Don Pablo. Ambos están preocupados por su hija, Carla, que este trimestre no ha sacado más que suspensos. Lo único que hace es preocuparse por la ropa. Y es que antes Carla no era así, se centraba en sus estudios. Ahora está entrando en la adolescencia… aunque ese no es motivo. Doña Rosa le dice a su marido: -Hoy Carla me ha respondido de una forma que me ha dejado sin palabras. Le pregunté por qué no se centraba en los estudios, y me responde: “Mamá, si no vistes bien en el instituto no eres nadie. Hay que estar a la moda, lo demás no importa.” Por eso te he llamado. Me parece que Carla no sabe a lo que se va al instituto. Voy a hablar con ella.- Y eso hizo. Carla se queda pensando, y sin poder evitarlo unas lágrimas le resbalan por las mejillas: -Al principio yo me centraba, pero algunas niñas me tenían apartada. Ellas hablaban de ropa, y no se preocupaban por los estudios… por eso las empecé a imitar- Doña Rosa le dijo: -Hija, no te preocupes por lo que digan los demás. Cuando tú hayas estudiado una carrera ellas no tendrán futuro, si el aprendizaje no les importa. Y encontrarás a tus verdaderas amigas. Confía en mí.- Carla le hizo caso. Y a partir de ese momento, las cosas le empezaron a ir bien. Yo soy Carla. Ahora tengo un gran futuro y sé que nunca debemos perder la perspectiva.

Estela Santiago Ferreiro (12 años). 29/12/2011 22:56:48

***

¿Un ladrón?

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del café muy seria. Yo creo que necesita algo que la anime. Dijo una de las compañeras. El otro día la vi en el supermercado y parecía aburrida. La invité a un café, pero me dijo que estaba ocupada. Menos mal que ya mismo es Navidad, a ver si así se anima un poco. Dijo su hermana.

Pero cuando llegaron a trabajar por la mañana se encontraron una sorpresa:

¡Rosa, mira lo que ha pasado! Dijo su hermana asustada. Todo está patas arriba, hemos mirado la cinta de la cámara de seguridad y ¡No sabes lo que aparece!

Está todo muy tranquilo, pero, de repente aparece una sombra y nada más. Ahora vamos a poner la cinta de sonido ¿Quieres venir? Sí, claro que sí. Después de oír la cinta… Que estruendo se oye ¿Crees que será un ladrón?

Puede ser, pero no se ha llevado dinero, quizás vuelva esta noche. Yo me ofrezco para quedarme por si vuelve el ladrón. Dijo Rosa. Vale, pero ten mucho cuidado. Contestó su hermana.

A la mañana siguiente Rosa llegó con un bolso muy grande y una sonrisa enorme.

¿Qué pasó anoche, porqué vienes tan contenta? Pues, empecé a escuchar ruidos, encendí la luz y ¡me encontré un gatito! ¿Queréis verlo? Lo llevo en el bolso. Se llama Travieso. Supongo que, como nos dejamos la ventana abierta, se coló y luego no pudo salir.

Sofía Garcés Silva (10 años). 28/12/2011 21:13:00

***

La locura del dinero

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo es lo único importante. Doña Rosa va y viene entre las mesas del Café y de cuando en cuando echa una furtiva mirada a las mesas de alrededor, mientras que con nerviosismo busca desesperadamente a su marido tras las copas de un atosigante ambiente enrarecido, que parece incitar a cualquier viandante que pase por delante a alejarse lo más que pueda de allí.

Es un hecho el que Doña Rosa no sabe qué hacer, pues Don Francisco es evidente que somete a escalofriantes torturas mentales a sus más omniscientes cónyuges, pues es de imaginar los más oscuros trapicheos que Don Francisco debe ocultar en sus cuentas bancarias.

Tras pasar varios minutos después de pensar yo esto, Don Francisco entra en el Café y de forma inquietante sube el peldaño que le separaba de su “todavía” esposa. Después de esto, los dos se sientan, pero Doña Rosa a la fuerza, obligada por su marido, y comienzan a conversar.

Pasadas unas horas de charla, Doña Rosa, como si de un peñasco marino se tratase, cae al suelo de forma evidente para todo el Café. Sin reparo alguno y de forma muy violenta, Don Francisco se marcha haciendo el desprecio de no haber visto nada. Unos instantes más tarde, una ambulancia traslada a Doña Rosa al hospital, que poco tiempo dura allí, pues días más tarde es traslada a un psiquiátrico.

Sin duda alguna, su marido y sus extraños movimientos de cuenta habían acabado con su mente y su moral.

Iván Leitón Bautista (12 años). 28/12/2011 20:22:00

***

Felicidad envasada

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café aburrida y enfadada, como toda la ciudad.
Una niña y su panda de amigos y amigas no sabían qué hacer, pues cada vez la gente discutía más. Cansados de tanta discusión, hicieron una pócima de un color azul celeste; Claudia, que así se llamaba la niña, se la dio a un señor y al instante estaba ayudando a cruzar la calle a una anciana. Hicieron lo mismo con toda la ciudad y así, ésta, ya no volvió a ser un temor para pueblos y localidades cercanas.

Adriana Torija Palacios (9 años). 11/12/2011 17:08:00

***

El regreso
No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo. Es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café. Anda despistada, chocando con las sillas, derramando el contenido de los vasos sobre los clientes, sin importarle que se enfaden y la insulten.
Pero hoy no le afectan las injurias. Es toda una mezcla de euforia y nervios; una bomba explosiva. Está que no cabe en sí de gozo y júbilo.
La culpa de esta inquietud la tiene una llamada, tan ansiada como temida. Era temprano cuando le anunciaron el regreso de su hijo. La alegría inicial dio paso a una amargura contenida. Después la incertidumbre se apoderó de su corazón.
Doña Rosa tiene motivos para temer que Augusto vuelva. Se pregunta si habrá merecido la pena esta larga espera, las noches de insomnio y tantas lágrimas derramadas. Quien podría asegurarle que su hijo no la iba a decepcionar.
Doña Rosa suspira y pasa el paño por el mostrador, rememorando aquel hijo que abandonó su casa con ganas de triunfar. Aquel chiquillo optimista con planes de futuro.
–Seré arquitecto o ingeniero –prometió mientras se despedía.
Al principio escribía contando su vida. Pero las cartas cesaron y el silencio y la incertidumbre se apoderaron del corazón de la madre. Ella indagó, quiso saber acerca del paradero de su hijo y llamó a muchas puertas.
Así se enteró de sus fracasos, sus noches de juerga, sus deudas y que había sido encarcelado por robar.
Arturo está a punto de entrar por la puerta, ha cumplido su condena. Mientras ella se pregunta si conseguirá reconocer en esa persona al hijo que se fue.

Christian Espadas Ruiz (12 años). 07/11/2011 14:42